Imagen del mes - julio

Hace 30 años falleció el arqueólogo José Luis Lorenzo Bautista, el 23 de julio de 1996 en la Ciudad de México a los 74 años de edad.  Hijo único del matrimonio formado por José Lorenzo y María del Carmen Bautista, nació el 18 de agosto de 1921 en Madrid. Su padre fue periodista y militante del Partido Socialista Obrero Español, además fue secretario privado del arquitecto Bernardo Giner de los Ríos, quien fue el Ministro de Comunicaciones y Obras Públicas durante el gobierno de la República. José Luis recibió una educación liberal y laica, estudió hasta el quinto grado del bachillerato en el Instituto Escuela de Madrid que era de orientación kraussista. Cuando tenía 16 años (1937) ya era miembro de la Juventud Socialista Unificada y de la Federación Universitaria Escolar, se fue a vivir con su tío Andrés a Marsella y ahí se unió a una red republicana clandestina que contrabandeaba alimentos y armas.

Con el triunfo de Franco en la guerra civil, su familia salió de España y llegó a Veracruz el 18 de abril de 1939 en el barco francés Flandre, el día 25 de ese mismo mes llegaron a la ciudad de México. Con el objetivo de terminar el bachillerato ingresó al Instituto Hispano-Mexicano Juan Ruiz de Alarcón y posteriormente, apoyado económicamente por una organización republicana, ingresó a la Academia Hispano Mexicana. Obtuvo una beca para estudiar química biológica en el Instituto Politécnico Nacional, pero la precaria situación económica de la familia lo obligó a dejar sus estudios y buscar trabajo.

En 1945 se inscribió a la carrera de arqueología en la ENAH, cuya planta de profesores estaba formada por Juan Comas, Paul Kirchhoff, Pedro Bosch-Gimpera, Mauricio Swadesh y Wigberto Jiménez Moreno, entre otros brillantes profesores. El 8 de junio de 1951 presentó la tesis Los artefactos de Tlatilco para obtener el título de arqueólogo y el grado de maestro en Ciencias Antropológicas. Sus directores de tesis fueron Pedro Armillas y Daniel Rubín de la Borbolla, y su jurado estuvo integrado por Pablo Martínez del Río, Javier Romero y Manuel Maldonado Koerdell. Entre 1962 y 1964 hizo estudios de doctorado en Antropología en la UNAM.

Su primera salida a campo la realizó los primeros meses de 1946, bajo la dirección de Pedro Armillas, a quien siempre consideró su maestro y afirmaba que con él había descubierto la inscripción del hombre en el paisaje natural y el paisaje cultural. Junto con Remi Bastian recorrieron la Sierra y la Costa Grande de Guerrero, excavó en La Soledad de Maciel, cerca de Petatlán, además de otros sitios de ese mismo estado. En marzo de ese mismo año se incorporó a la VI temporada de excavaciones en Tula, Hidalgo, dirigida por Jorge Acosta. En 1947 realizó una práctica de campo con la etnóloga Isabel Kelly en la comunidad indígena de El Tajín, en Veracruz. Este mismo año de 1947, trabajó con el equipo de museografía en la reestructuración del Museo Nacional de Antropología. Lorenzo consideraba importante la museografía en la formación del arqueólogo, ya que había que enseñar al público lo que se aprendía en el trabajo arqueológico. En junio de 1964 fue el encargado de la Sala de Orígenes del nuevo Museo de Antropología en Chapultepec.

Su interés científico se inclinó hacia el estudio de la prehistoria y el paleoambiente, temas poco desarrollados en México, sobre todo en los métodos y técnicas de excavación, así como en el manejo de los materiales. Con el propósito de ahondar más en los estudios de estos temas, solicitó una beca al Consejo Británico para hacer estudios de posgrado en el Instituto de Arqueología de la Universidad de Londres. Fue así como durante 1953 y 1954 tomó clases de prehistoria, métodos y técnicas arqueológicas y arqueología ambiental con Frederick Zeuner, Vere Gordon Childe, Sir Mortimer Wheeler, Kathleen Kenyon, Ian Cornwall y Sir Max Mallowan.

Esos dos años fueron muy importantes en su formación ya que además de estudiar con los expertos en los temas que le interesaban, participó en diversas excavaciones aplicando las novedosas técnicas europeas. Por consejo de Frederick Zeuner, su tutor en la beca, en 1954 se fue a Francia para participar en las excavaciones de Francois Bordes en Combe-Grenal y Pech de l’Aze, sitios paleolíticos en la Dordoña. Con André Leroi-Gourhan estuvo en el sitio de Arcy-sur-Cure, en Yonne; con Georges Laplace-Jauretche en Poeymau y Olha en los Bajos Pirineos. Además de colaborar con el Instituto de Investigaciones Geobotánicas Rubel, de Zurich, en el Museo del Hombre y en el Instituto de Paleontología Humana de París.

A su regreso a nuestro país, en 1954, con la formación y experiencia adquirida con los arqueólogos europeos, empezó a practicar la arqueología científica ya que consideraba que para reconstruir la vida social de los pueblos sin registros escritos, era necesario incorporar todos los elementos que se recuperaran en una excavación, de ahí la importancia de realizarla de manera controlada, con rigor y cuidado estricto, porque el arqueólogo al excavar va destruyendo sus fuentes de información.

De regreso a nuestro país se reincorporó al Departamento de Prehistoria del INAH (desde 1951 trabajaba como arqueólogo en ese Instituto), y comenzó a dar clases en la ENAH. Ahí reestructuró los cursos de la carrera de Arqueología. Introdujo las materias de Métodos y Técnicas Arqueológicos; Geología General; Materiales Arqueológicos (ya no sólo el estudio de la cerámica, sino también de la lítica, la concha, el hueso, los metales, los textiles y los pigmentos). Aplicó un enfoque intradisciplinario para reafirmar la interdependencia de las disciplinas ambientales como la geología, los suelos y la biología, con las disciplinas históricas (fuentes, relaciones) y las físico-químicas con la arqueología. En las tesis que asesoró fomentó el estudio de tipologías y clasificación de materiales como concha, textiles, lítica tallada y piedra pulida. También los estudios especializados en materiales culturales, como el estudio microfotográfico de artefactos líticos, los análisis petrográficos de la cerámica Anaranjado Delgado; así como las huellas de uso en artefactos de piedra. Inculcaba a sus alumnos la concepción de la arqueología como ciencia social y no como historia del arte que busca objetos artísticos o grandes hallazgos como tumbas o esculturas. Entre sus alumnos están arqueólogos de renombrada trayectoria como Jaime Litvak, Noemí Castillo, Lorena Mirambell y Miguel Messmacher, entre otros.

Como director del Departamento de Prehistoria (1961-1978) creó diversos laboratorios para apoyar la investigación arqueológica: Laboratorio de Análisis de Suelos, Sedimentos y de Química; Laboratorio o Sección de Paleobotánica; Laboratorio de Paleozoología; Laboratorio de Geología del Cuaternario y de Petrografía. También creó las Secciones de Cartografía, Fotogrametría y Fotointerpretación. Además organizó un laboratorio para restauración y conservación de materiales arqueológicos muebles, que atendía todos los materiales que rescata el arqueólogo en sus excavaciones.

A partir de 1963 realizó importantes proyectos de salvamento arqueológico como los de la presa Infiernillo, de La Villita y de Palos Altos, en Guerrero. En Chiapas los de las presas de La Angostura y Mal Paso. También dirigió el salvamento durante la construcción del primer Sistema de Transporte Colectivo (Metro) en la ciudad de México.

Al mismo tiempo que ocupó la dirección del Departamento de Prehistoria, se encargó del Departamento de Monumentos Prehispánicos (1964-1967). En 1971 lo nombraron Jefe del Departamento de Restauración del Patrimonio Cultural, el cual reorganizó, amplió sus actividades y le asignó el Laboratorio de Restauración y Conservación que pertenecía a Prehistoria. Al mismo tiempo lo nombraron Director de la Escuela de Restauración, Conservación y Museografía (1971-1973), la cual organizó para que sus estudios tuvieran el grado de licenciatura, y creó la maestría en Restauración Arquitectónica que aceptara a arqueólogos y arquitectos graduados. Cuando fue Presidente del Consejo de Arqueología (1978-1979) se establecieron las funciones del Consejo y se integraron las Disposiciones Reglamentarias para la Investigación Arqueológica en México, que con algunas modificaciones todavía rigen los trabajos de investigación arqueológica.

Además realizó otras actividades fuera del INAH. Participó en los trabajos del Año Geofísico Internacional de 1958, organizado por la Sección de Glaciología del Instituto de Geofísica de la UNAM, la cual dirigió de 1958 a 1964. En 1973 estuvo en Chile como parte de la delegación mexicana que participaría en la Semana de México, cuando ocurrió el golpe de estado contra Salvador Allende, lo cual lo marcó profundamente. Durante 1974 y comienzos de 1975 trabajó en Cuzco, Perú, dirigiendo investigaciones de campo y gabinete en el proyecto PER 39 de la UNESCO, entre Machu Picchu y el lago Titicaca. El 1º de octubre de 1967 ingresó a la Sección de Antropología del IIH como investigador adjunto de medio tiempo, pero renunció el 31 de marzo de 1968.

A partir de agosto de 1979 dejó de ejercer cargos administrativos en el INAH y estuvo adscrito como investigador de tiempo completo en el Departamento de Prehistoria, en donde lo nombraron Profesor de Investigación Científica Emérito del INAH en 1985. Fue uno de los primeros junto con Román Piña Chan, Felipe Montemayor, Fernando Cámara y Wigberto Jiménez Moreno. Fue miembro fundador del Sistema Nacional de Investigadores, y representante del INAH tanto a nivel nacional como internacional, en numerosas ocasiones.

Entre su nutrida producción se encuentran las siguientes publicaciones: A flutes from Durango, Mexico (1953); Técnicas de exploración arqueológica. Empleo de las coordenadas cartesianas según G. Laplace-Jauretche y L. Meroc (1956); Las zonas arqueológicas de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl (1957); Las técnicas auxiliares de la arqueología moderna (1958); Los glaciares de México (1958); La Revolución Neolítica en Mesoamérica (1961); Tlatilco. Los artefactos III (tesis) (1965); Los primeros pobladores de México (1965); Tlapacoya, Estado de México (1965-1974); La etapa lítica en México (1967); El poblamiento del continente americano (1974); Cedral, San Luis Potosí (1976-1990); Los orígenes mexicanos (1976); De la polémica sobre arqueología (1980); Notes on the History of Iberoamerican Archaeology (1981); Archaeology south of the Rio Grande (1982); Práctica y teoría del salvamento arqueológico (1982); La arqueología mexicana como monopolio de Estado (1997). Traducción al español de Arqueología de campo, de sir Mortimer Wheeler (1961). Con José Luis y Manuel Reyes Cortés: Relaciones petrográficas entre un grupo de artefactos líticos y su posible lugar de origen (1980). Con Lorena Mirambell: El Cedral, SLP: un sitio con presencia humana de más de 30 000 años (1981); La cerámica: un documento arqueológico (1983). Como coordinadores con Lorena Mirambell: Tlapacoya: 35 000 años de historia del lago de Chalco (1986).

El arqueólogo José Luis Lorenzo Bautista, científico de mucha energía, gran capacidad de organización y que hizo grandes aportes a la arqueología mexicana, falleció a una edad temprana, a los 74, hace 30 años.

 

José Luis Lorenzo en distintos momentos: 1) en 1956, 2) en trabajo de campo en Acapulco, 1966, 3) en su biblioteca, 1990. Fondo documental y fotográfico José Luis Lorenzo. 

 

   
José Luis Lorenzo en 1958 en la cima del Popocatépetl. Sección de Glaciología del Instituto de Geofísica, UNAM. Fondo documental y fotográfico José Luis Lorenzo.

Por Alicia Reyes Sánchez

 

Boletín Alfonso Caso